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Conocí a Fernando Mazza en el año 2005 en una muestra de luthiers que tuvo lugar en el Teatro San Martín de Buenos Aires. Allí se acercó a nosotros con la amabilidad que le es propia y nos mostró una guitarra de hermoso acabado artesanal pero de un sonido pequeño, casi embrionario diría. A los dos años, cuando adquirí la primera guitarra suya (voy por la tercera), sus intrumentos ya eran fenomenales y sonoros como los mejores. Desde entonces he sido testigo de su crecimiento constante a la vez de disfrutar de su amistad y su calidez humana. Si algo puedo aconsejar en materia de comprar una guitarra es que la elijamos pacientemente y con cuidado... al igual que a nuestro luthier. Cuando un instrumento está expuesto a viajes, ensayos, grabaciones y demás instancias es tranquilizador saber que contamos con la confianza de su constructor que estará allí para cuando lo necesitemos, y Fernando ha demostrado eso cada vez que lo hemos requerido. Pasados algunos años con la guitarra -y sus luthiers- me enorgullezco de haber forjado con ellos amistades que a veces se han extendido por años y que me permitieron acercarme a su apasionante mundo. En el caso de Fernando he podido ver su crecimiento apasionado y constante y su laborar sereno e incansable que, desde el pequeño taller que posee en Hurlingham, le permite soñar cada día con construir la mejor guitarra posible. Para conseguirlo cuenta con su entusiasmo, su capacidad, su ambición y las cualidades humanas necesarias para ser querido y respetado entre los músicos. ¿Qué más se puede pedir? solo que tenga la alegría y entusiasmo de levantarse cada día con la ilusión de construir la guitarra de sus sueños, que muy probablemente también sea la de los nuestros.
Pablo Izurieta, 12 de febrero de 2012
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